Pasaban algunos minutos de las 2 de la madrugada de ayer cuando el 112 recibía la llamada de un hombre que sumido en un notorio estado de nervios, solicitaba ayuda, pidiendo presencia de Policía o Guardia Civil en el cementerio de un pequeño municipio de Ciudad Real. En la propia llamada, el individuo manifestaba que había saltado la tapia para coger unas cosas y estaba oyendo voces, que por favor fueran rápido, muy rápido.

Tras hacer acto de presencia en el lugar una patrulla de Policía Local, escuchó desde fuera como alguien pedía socorro. Personado también el enterrador municipal, accedieron al recinto en donde localizaron al llamante, debajo de un tétrico banco de piedra, temblando, pálido, bloqueado sin poder moverse fruto del pánico, llorando y habiéndose orinado encima.

Junto al atemorizado individuo, había un saco y en su interior, se hallaban diversos elementos ornamentales de bronce y latón preparados para llevarlos consigo.

“Sacadme de aquí, por favor, llevadme detenido, pero sacadme de aquí, he oído voces…” manifestaba entre sollozos el valiente ladrón apuntando con el dedo a un macabro Panteón. Era tal la risa del enterrador que le impedía vocalizar palabra alguna, hasta que pudo decirles a los agentes que esas voces procedían de un pequeño transistor, que dejó olvidado esa tarde cuando limpiaba en dicho lugar.

Los agentes trasladaron al orinado ladrón junto con los efectos intervenidos, hasta dependencias policiales en donde instruyeron las correspondientes diligencias, apuntando otra historia más en su libro de anécdotas.



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